La demencia de cuerpos de Lewy, otra causa de deterioro cognitivo

Una causa de deterioro cognitivo y demencia senil similar al alzhéimer y la demencia fronto-temporal, por la acumulación de alfa-sinucleína.

Entre un 10 y un 20% de los casos de demencia responden a este tipo: la demencia de cuerpos de Lewy. Tras el alzhéimer y la demencia vascular, esta se considera la tercera causa de deterioro neurocognitivo. Se origina como consecuencia de la acumulación de unas estructuras anormales llamadas cuerpos de Lewy en ciertas áreas del cerebro. Concretamente, los cuerpos de Lewy se encuentran en las neuronas y nacen de la degeneración de su citoplasma y de la acumulación anormal de proteínas, principalmente de alfa-sinucleína.

Su edad de comienzo suele situarse entre los 50 y los 70 años y, como cualquier enfermedad degenerativa, empeora con el tiempo.

¿Qué síntomas presenta?

La presencia de deterioro cognitivo, muy similar al que se puede apreciar en la enfermedad de Alzhéimer, es el principal síntoma de la demencia de cuerpos de Lewy. Además, también resultan comunes otras manifestaciones como la lentitud de movimientos, rigidez articular, temblor (asociados al parkinsonismo), alucinaciones, delirios y confusión. Además, las personas con esta enfermedad suelen presentar una sensibilidad especial a los efectos secundarios de ciertos medicamentos como los antipsicóticos o neurolépticos, los cuales suelen empeorar los demás síntomas.

Por otra parte, también es frecuente que aparezcan algunos trastornos del sueño. De esta forma, resulta común que, durante la etapa REM del sueño, donde solemos experimentar una mayor actividad onírica, las personas con demencia de cuerpos de Lewy tengan sueños muy vívidos, llegando a hablar, patear e incluso a sufrir caídas mientras duermen. Algo importante que debemos tener en cuenta a este respecto es que los trastornos del sueño pueden aparecer varios años antes de que se manifiesten otros síntomas de la enfermedad.

¿Cómo se lleva a cabo el diagnóstico?

A través de un interrogatorio, el médico realizará la historia clínica del paciente. Resulta fundamental evaluar las funciones cognitivas (memoria, lenguaje, atención, funciones visuoespaciales) de la persona mediante una evaluación neuropsicológica. También es necesario llevar a cabo un examen físico y neurológico y complementarlos con una resonancia nuclear magnética de cerebro, una tomografía por emisión de positrones (TEP) o una tomografía computarizada de emisión monofotónica (SPECT)

¿Cuál es el tratamiento?

Este suele contemplar dos enfoques: uno farmacológico y otro no farmacológico. El primero de ellos incluye el abordaje de las manifestaciones neuropsiquiátricas, del deterioro cognitivo y de las alteraciones motoras. Se trata de una terapia meramente sintomática y sin capacidad curativa, y suele componerse por dos grupos de medicamentos: los inhibidores de la acetilcolinesterasa (tacrina, donepezilo, rivastigmina, galantamina) y la memantina.

Por otra parte, el tratamiento no farmacológico persigue mejorar la calidad de vida de la persona, a base de una combinación de actividad física regular y un programa de rehabilitación de la marcha con prevención de caídas.

El pronóstico varía dependiendo de la persona, y puede verse afectado por la existencia de otras enfermedades o el estado de salud general. Aunque no debemos olvidar que se trata de una enfermedad degenerativa cuyo progreso es inevitable, es importante recordar que un diagnóstico correcto es la clave para conseguir el mejor tratamiento, el cual ayudará a ralentizar la evolución de los síntomas y a conseguir una mejor calidad de vida.

Autor: Purificación Salgado, Periodista