Ejercicios de piscina o hidroterapia

Un paciente con artritis reumatoide puede mejorar considerablemente su calidad de vida si practica algún tipo de ejercicio, por supuesto, con la respectiva orientación de su médico tratante. De hecho, las rutinas en la piscina e hidroterapia, son sumamente beneficiosas porque optimizan la salud.

Y es que ante el dolor y la falta de movilidad, el agua aporta un ambiente seguro que disminuye la rigidez y la incomodidad en las articulaciones, mientras incrementa la flexibilidad, la fuerza, la resistencia y el equilibrio, contribuyendo con la disminución de la fatiga.

Recomendaciones

Para efectos de la hidroterapia en la artritis reumatoide, es necesario cumplir con una serie de pautas, entre ellas, está otorgarle atención a las características del agua, puesto que no debe exceder los 36 grados en función de inducir la relajación, disminuir el dolor y facilitar el ejercicio.

Igualmente, al disminuir la gravedad, el paciente podrá flotar sin problemas, sin que tenga que lidiar con su peso y el impacto que éste genera. Así, podrá moverse sin limitaciones, mientras ejercita sus articulaciones y fortalece sus músculos. Una de las ventajas del agua, es que aporta mayor movimiento y resistencia muscular, lo cual permite alternar la velocidad de los ejercicios y la postura.   

Si te preocupa el hecho de que no sabes nadar, descuida. La metodología es netamente aeróbica y lo que importa es la amplitud de tus movimientos y el fortalecimiento de tu cuerpo. Como en todo entrenamiento, la rutina de ejercicios debe adaptarse a tus necesidades, aportando siempre comodidad y bienestar.

Alrededor de 5 millones de personas a nivel mundial sufren de artritis reumatoide, por lo cual es inminente derrumbar una serie de mitos que giran en torno a la enfermedad y que inmovilizan a los pacientes por temor. Sin duda alguna, notarás cómo tu condición física mejora con ejercicios de hidroterapia para piernas y los ejercicios para artrosis de cadera en piscina.

Al mantener una alimentación balanceada, tomar todos tus medicamentos y seguir tus terapias de rehabilitación, te sentirás muchísimo mejor. Otra de las ventajas de entrenar en el agua, es que poco a poco favoreces el sistema cardiovascular, disminuyes considerablemente el dolor, te relajarás y obtendrás más equilibrio.

Bajo la orientación de un fisioterapeuta, podrás iniciar tu rehabilitación en el agua, con rutinas para extremidades inferiores. Puedes caminar en la piscina con un flotante entre las piernas o entre las axilas, practicar en la bicicleta estática, sólo cuando has adquirido mayor fuerza y movilidad e incluso, realizar una carrera en poca profundidad, con el nivel del agua al pecho.

Para las extremidades superiores, busca una piscina cuyo nivel del agua te llegue al cuello, luego estira los brazos paralelamente a tu cuerpo y súbelos y bájalos a la altura de la cadera. Flexiona los codos también con los brazos estirados, con las palmas hacia arriba, como si estuvieras trayendo el agua hacia ti y empujándola hacia afuera.

De igual modo, puedes practicar ejercicios para el tronco, con flotación dorsal, alternando la posición mientras se flexionan ligeramente las piernas. También se realiza boca abajo. Pueden hacerse de 10 a 15 rondas, según la capacidad de tu organismo. A medida que mejore tu condición, podrás subir de nivel e incrementar el grado de dificultad para mayor resistencia y fuerza muscular.

A diferencia del ejercicio convencional, una vez que te sumerjas en el agua, notarás que el esfuerzo físico es menor y no sentirás dolor. Por ello, se aconseja que el tiempo máximo de cada sesión de entrenamiento sea de 40 minutos.