Las crisis de epilepsia nocturnas. Síntomas

La epilepsia se manifiesta durante el periodo de sueño de algunos pacientes, quienes se despiertan sobresaltados gritando con convulsiones. La enfermedad se conoce además porque quienes la padecen sin querer pierden el equilibrio, caen, se muerden la lengua, pierden el control de sus esfínteres y presentan salivación excesiva.

Hay diferentes variantes de esta enfermedad, en algunos casos hay ausencia mental sin convulsión. Contrario a lo que muchos pensarían, no sólo se presentan crisis en el día, pues hay casos de epilepsia nocturna. Este trastorno es netamente neurológico, las personas sufren por crisis de nervios y pierden el control y la motricidad por la hiperactivación de distintos grupos neuronales.

El estrés y la luz forman parte de los estímulos del entorno que favorecen las crisis epilépticas nocturnas, pero es precisamente la hipersensibilidad en las neuronas lo que hace que se activen en rangos totalmente fuera de lo normal, ocasionando los síntomas que muchas veces se disparan también por traumatismos, tumores o agresiones al sistema nervioso.

Crisis convulsivas

Las convulsiones se deben a la distensión y contracción de los músculos, lo cual ocurre de forma abrupta y repetitiva, sin ningún tipo de control. A veces vienen acompañadas de pérdida de la conciencia, seguido de lesiones e inmovilidad. El cuadro varía de acuerdo con la condición del paciente, la zona cerebral involucrada y el nivel de la crisis.

La epilepsia nocturna en adultos irrumpe en instantes de sueño, pueden ser una o varias crisis pero de leve duración. La persona puede o no despertarse por las convulsiones, también hay movimientos bruscos en brazos y piernas, por ello hay quienes padecen de insomnio y se mantienen con fatiga durante el día, pues su sueño no es reparador.

Los síntomas de la epilepsia nocturna se detectan mediante el aura o sensaciones previas antes de brote como hormigueos, vértigo, dificultad para respirar y alucinaciones. Aunque no es una enfermedad muy conocida, ha sido diagnosticada con mayor frecuencia la epilepsia infantil nocturna, pues la tasa de prevalencia se concentra en los niños y en los adolescentes, por ello recomiendan seguir un tratamiento para evitar la reincidencia en la etapa adulta.

Curiosamente, esta enfermedad se diagnostica a destiempo, ya que muchas personas durante el sueño no están conscientes de las crisis y son atribuidas a la posibilidad de que sean sonámbulos o a que tengan pesadillas. En todo caso, las descargas neuronales siguen ocurriendo por la hipersensibilidad en el cerebro. Justo en la fase de sueño la actividad cerebral es variable y fluctúa de acuerdo con los ciclos, sujetos a las ondas. El lóbulo frontal es la parte del cerebro más involucrada en dichas descargas, aunque no se descarta que otras zonas sean las responsables de este desequilibrio neuronal.

La epilepsia nocturna se divide a su vez en rolándica  (las crisis motoras son parciales, pues la persona se levanta y hace ruidos) y la frontal nocturna autosómica dominante (ocasionada por la mutación del gen CHRNA4, con convulsiones en las extremidades y en el tronco).