Las pruebas y como se detecta y diagnostíca la epilepsia

No es una enfermedad mental. Es producto de un anormal funcionamiento de algunas neuronas. Las pruebas de epilepsia ayudan a controlar este padecimiento del sistema nervioso que implica una actividad eléctrica anormal en la corteza del cerebro.

Convulsiones, algunas veces violentas que duran segundos o minutos, y pérdida del conocimiento son sus principales manifestaciones. Los trastornos genéticos o lesiones cerebrales producto de derrames o traumatismos suelen ser las causas.  

La epilepsia puede afectar el movimiento, la conciencia y el comportamiento de la persona. Se trata con medicamentos y cambios en la dieta diaria. Algunas veces requiere cirugías y dispositivos para controlar los impulsos eléctricos descontrolados.

¿Cómo saber si tengo epilepsia?

Para detectar la epilepsia los médicos se apoyan en el testimonio de la persona que la padece o de testigos del episodio.  También evalúa su historia clínica, antecedentes familiares, y puede hacer exploraciones neurológicas y físicas.

Exámenes de sangre, electroencefalogramas, tomografías computarizadas (TC) y resonancias magnéticas (RM) son pruebas complementarias que el especialista ordena para identificar el síndrome y sus causas.

También puede recurrir a los electrocardiogramas, que detectan enfermedades cardíacas, algunas veces causantes de episodios repetidos de pérdida de conciencia.

El electroencefalograma (EEG) es una prueba determinante. Registra la actividad eléctrica de las neuronas y detecta las descargas agudas de mayor rapidez y voltaje. Identifica el tipo de síndrome y localiza el foco epiléptico. Como limitaciones tiene que entre crisis puede arrojar resultados normales.

Si se practica con el paciente dormido, en la noche o en una siesta, puede detectar trastornos del sueño semejantes a las crisis epilépticas.

El video EEG documenta el comportamiento durante una crisis. Puede hacerse durante pocos minutos o por varios días y ayuda a diferenciar la epilepsia de otros padecimientos como narcolepsia, síncopes o crisis psicógenas no epilépticas.

Tomografías computarizadas y resonancias magnéticas

Se trata de técnicas de neuroimagen para obtener imágenes del cerebro. Muestran la estructura cerebral y permiten detectar lesiones causantes de la epilepsia.  Se indican en todos los pacientes epilépticos.

La magnetoencefalografía, parecida al electroencefalograma, es una prueba que llega a regiones más profundas del cerebro. Mide los campos magnéticos que produce la actividad cerebral. Es una de las más costosas y se usa especialmente en evaluaciones previas a la operación.

Los estudios de neuroimagen funcional, como la tomografía por emisión de positrones, la tomografía de emisión de fotón simple y la resonancia magnética funcional, no se indican de manera habitual. Se usan para evaluaciones pre quirúrgicas y en revisiones de la memoria, el lenguaje y la función motora, también antes de la cirugía.

En fase experimental se encuentran pruebas como la RM con espectroscopia y la imagen por difusión con reconstrucción tractográfica. Son también pruebas previas a la cirugía y se usan de manera parcial.

Hay pruebas diagnósticas, no habituales, que se utilizan en casos específicos o antes de una cirugía. Los estudios genéticos son uno de ellos y se indican cuando se sospecha que la herencia interviene.

Otras sirven para detectar la parte del cerebro donde inician las convulsiones. La Cartografía estadística paramétrica compara el aumento del metabolismo durante las convulsiones en distintas zonas del cerebro. En el análisis de Curry se proyectan los datos del electroencefalograma sobre una resonancia magnética. La Magnetoencefalografía también identifica esas zonas donde inician las convulsiones.

Será el diagnóstico preciso, basado en cualquiera de los exámenes para detectar la epilepsia, el que permitirá un tratamiento efectivo que minimice las manifestaciones de una enfermedad que podría acompañarte de por vida.