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Enfermedad mental y violencia, ¿qué hay de cierto en esta asociación?

¿Realmente existe una relación entre enfermedad mental y violencia? Los datos desmienten esta ancestral asociación.

¿Son violentas las personas diagnosticadas con alguna enfermedad mental? ¿Lo son más que la población general? En este artículo vamos a intentar dar una respuesta a estas dos cuestiones. Empecemos primero con las definiciones:

1. La violencia es un fenómeno sumamente difuso y complejo cuya definición no puede tener exactitud científica. La Organización Mundial de la Salud define la violencia como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, pudiendo causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

Se sabe que la violencia está presente en todas las sociedades y en general se la percibe como un componente ineludible de la condición humana, siendo considerada uno de los problemas más graves y extendidos de la humanidad. Pero todas estas consideraciones acerca de la violencia hacen referencia a la violencia social y deliberada. En contraposición, se encuentra la violencia del paciente psiquiátrico, que es muy infrecuente si se compara tanto con la violencia global como si se la compara con la violencia sufrida por estas mismas personas.

2. Es importante también definir el término de enfermedad mental. Con enfermedad mental nos referimos a aquella enfermedad en la que de forma temporal se pierde el contacto con la realidad, es decir, enfermedades del espectro psicótico (esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, trastorno delirante) y a las enfermedades afectivas graves (trastorno bipolar o depresión grave). Excluimos, por tanto, a las personas que se encuentran bajo el efecto de alguna droga o con síntomas de abstinencia y que en este estado cometen algún acto violento. También excluimos al resto de enfermedades psiquiátricas en las que no existe pérdida de contacto con la realidad y la capacidad de juicio está conservada.

El papel de los medios de comunicación

Una parte importante del conocimiento de la sociedad entorno a este tema viene dada por los medios de comunicación, que generalmente no contribuyen a la mejora del estigma ni a la mejora de la situación de las personas diagnosticadas de una enfermedad mental. Persiste por su parte cierto tabú mostrando solamente la cara violenta de la enfermedad en forma de crimen consumado. A la hora de transmitir la información sólo se tiene en cuenta el diagnóstico de la enfermedad y no otros factores como los sociales y contextuales que interaccionan para dar lugar a la aparición de violencia.

¿Qué dicen los datos?

Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que la violencia atribuible a una enfermedad mental es en general muy baja. En un estudio en EEUU se evaluó el riesgo atribuible de conductas violentas a una enfermedad mental y este fue del 4%, lo cual puso de relieve que, si pudiéramos prevenir las conductas violentas asociadas a enfermedad mental, sólo eliminaríamos el 4% del total y el 96% de los actos violentos continuarían produciéndose. Lo que se desprende de este estudio es que las probabilidades de que un acto violento sea producido por una persona con una enfermedad mental son insignificantes.

Que existe la idea preconcebida, el prejuicio de que las personas con una enfermedad mental son potencialmente agresivas pudo comprobarse en otro estudio en el que el 70% de las personas encuestadas manifestaron que pensaban que las personas con un trastorno mental podían tener una conducta violenta. Esta percepción es absolutamente falsa, como hemos visto anteriormente, pero contribuye a la discriminación. Es más, esa presunción de violencia  puede transformarse en maltrato hacia las personas con enfermedad mental.

En otro estudio se examinó la violencia que sufrían las personas diagnosticadas con una enfermedad mental y los datos llaman verdaderamente a la reflexión:

- El 63% reconocían sufrir violencia física y verbal por parte de su pareja y de estos un 15% habían recibido violencia grave.

- El 46% referían haber sufrido violencia física o verbal por algún familiar y casi el 30% violencia grave.

- El 8% de las personas con enfermedad mental había sufrido violencia criminal frente al 3% que sufre la población general.

Frente a estos datos, se encuentra la tasa de violencia producida por personas con enfermedad mental que se sitúa en torno al 3%.

Las conclusiones son varias: por una parte, podemos señalar que la relación entre enfermedad mental y violencia es infrecuente, e incluso podemos afirmar que una persona con una enfermedad mental tiene más probabilidades de sufrir violencia que de producirla. Por esta razón, es importante que sigamos luchando para derribar la visión negativa que existe en torno a las personas con una enfermedad mental. Quizás así podamos ayudar a mejorar su calidad de vida.

Esquizofrenia, Diagnóstico, Diagnóstico, Aspectos psicológicos, Vida social, Síntomas

Autor: Laura Mata, Médico, Psiquiatra

Última modificación: 4 mayo 2015

© People Who Global, iStock.com

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