¿Cómo se trata cada tipo de hepatitis?

Artículo y fuentes actualizadas en: noviembre, 2019
Autor: Carlos Calderon

La hepatitis es considerada una enfermedad silenciosa, por lo cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que en promedio, más de 325 millones de personas la padecen en un estado crónico, con más incidencia de hepatitis tipo B, seguido de la hepatitis C.

Básicamente, genera una inflamación en el hígado y está vinculada con muchas causas, aunque la más preponderante, es el virus que da origen a la afección. Vale acotar que el hígado es un órgano vital, encargado de llevar diferentes funciones que regulan el equilibrio del organismo. De tal modo, procesa los nutrientes, además de los compuestos de los medicamentos que consumimos, a fin de que se asimilen mejor o en su defecto, que sean expulsados.

El hígado también es responsable de sintetizar la bilis, la cual es almacenada por la vesícula biliar y se libera una vez que se consumen los alimentos para ayudar en la digestión. Cuando hay inflamación, todos estos procesos naturales se ven afectados, por ello, la hepatitis puede desencadenar cáncer de hígado, cirrosis y otras fallas hepáticas que pueden llevar al paciente a necesitar de un trasplante. Lo importante es que la enfermedad sea detectada a tiempo.

Hay muchos tipos de hepatitis: A B C D E F G. Las virales corresponden a las variantes A, B, C y D, aunque también hay otras que al complicarse fomentan el desarrollo de otras patologías por alteraciones, como por ejemplo, el virus Epstein Barr que es el responsable de la Mononucleosis de origen infeccioso y del Citomegalovirus.

Hepatitis A

Es leve y actúa de manera diferente porque las personas que la contraen suelen recuperarse en cuestión de semanas. Las indicaciones están dirigidas a guardar reposo, llevar una dieta alta en proteínas, baja en grasas, con mucho líquido, evitar las bebidas alcohólicas, tomar los medicamentos que alivien los síntomas, pero evitar los analgésicos y los tranquilizantes. También es importante mantenerse hidratado luego de un cuadro de vómito o de diarrea.

Hepatitis B

Para saber cómo se trata la hepatitis, primero hay que identificar qué tipo es. Cuando el paciente tiene hepatitis B, el tratamiento está destinado a disminuir la presencia del virus en la sangre y negativizar. En vista de que las partículas de ADN del virus continúan presentes en las células hepáticas, es necesario que el tratamiento sea prolongado, a los fines de evitar la cirrosis y otras complicaciones.

Hepatitis C

Los pacientes han logrado mejorar su calidad de vida tomando antivirales de acción inmediata que son efectivos hasta en una tasa del 95 por ciento, puesto que logran curar la hepatitis C en un periodo que oscila entre 8 y 24 semanas. Los resultados dependen de la detección oportuna y del acceso a los medicamentos.

En todo caso, la recuperación está sujeta al diagnóstico a tiempo, al detectar los síntomas y acudir con el especialista para iniciar con la valoración y seguir la mejor opción de tratamiento. Cualquier alteración relacionada con dolor abdominal, orina oscura, heces claras, cansancio, fatiga, pigmentación amarilla de la piel y de los ojos, falta de apetito, pérdida de peso, náuseas y vómitos deben reportarse de inmediato.

Diferencias

Mientras el modo de contagio de la hepatitis C se debe al contacto con la sangre, igual que en la B, la hepatitis A se adquiere cuando se tiene contacto directo con heces infectadas, lo cual puede ocurrir en una piscina o cuando se consumen alimentos que no han sido lavados correctamente.

La hepatitis B puede prevenirse a través de la vacunación, mientras que la C puede ser mortal si no se trata a tiempo, así que lo ideal es iniciar el tratamiento lo más pronto posible al saber cómo se trata cada tipo de hepatitis para conseguir la cura.

Sobre Carlos Calderon

carlos calderon

Criado en un pueblo a las afueras de Madrid, soy médico de familia por vocación.

Empecé este blog para documentar mis estudios de Salud Pública pero pronto, se convirtió en un referente del sector.

Recuerda consultar a tu médico. La información de este blog es meramente documental y nunca te lo tienes que tomar como datos verídicos. Siempre consulta a tu médico de cabecera antes de llegar a conclusiones con estos datos.