Leucemia mieloide crónica en niños

Relativamente, es baja la incidencia de la leucemia mieloide crónica en niños, sin embargo el tratamiento que se les aplica es parecido al que reciben los adultos. Esta enfermedad se origina cuando se produce una cantidad elevada y sin control de glóbulos blancos a nivel de la sangre, por ser una anomalía, se infiltran en la médula ósea y no permite que se produzcan las células normales.

Vale acotar que la sangre está conformada por plasma y por tres tipos de células: los glóbulos rojos que transportan el oxígeno a los diferentes tejidos, los glóbulos blancos que son los encargados de combatir las infecciones y las plaquetas, que fomentan la coagulación. Cuando aparece la leucemia, la multiplicación irregular de los leucocitos interfiere con la producción de estas células en cantidades regulares.

¿Cuál es la causa de la leucemia mieloide crónica en pediatría?

Hasta los momentos, su origen es desconocido. Algunos estudios atribuyen la causa a ciertos factores genéticos, al igual que una posible exposición a virus, radiaciones y productos químicos. En todo caso, cuando se alteran las células sanguíneas, aparecen una serie de enfermedades que pueden ocasionar graves daños.

Tratamiento

Hay unos fármacos que entran en la categoría de terapia dirigida, los cuales ayudan a combatir las células que llevan el cromosoma Philadelphia, responsable también de ocasionar esta anomalía genética. Cuando se suministran por largos periodos, tienden a controlar la leucemia mieloide crónica y generan menores efectos adversos, en comparación con la quimioterapia.

Al medir su eficacia, se puede ir suministrando el que más se adecue, pero en los casos donde no se registra ninguna mejoría con los medicamentos, se recurre a la quimioterapia, sin desestimar el trasplante de células madre, que en los últimos años, es visto como una alternativa para curar a los pacientes.

Al concebirse como una enfermedad cancerígena que afecta la médula ósea, entra en la categoría de neoplasias mieloproliferativas y evoluciona de una manera muy lenta. Cuando se diagnostica en la fase crónica, es decir, menos agresiva, hace que el infante permanece igual por espacio de 5 años, hasta que surge la fase acelerada y luego la blástica.

Entre los síntomas, se encuentra el cansancio excesivo, sudoración nocturna, dolor en los huesos, pérdida de peso, sangramiento e infecciones recurrentes. Debido a que no todos los pacientes evolucionan de la misma manera –pues algunos presentan resistencia al tratamiento-, existen en el mercado los fármacos de primera, segunda y tercera generación.

Pronóstico

El diseño de los nuevos fármacos ha permitido elevar la esperanza de vida en los más pequeños. De tal forma, la tasa de supervivencia se mantiene aproximadamente en un 90 por ciento de la población, aunque todo depende del avance de la enfermedad y del cuadro clínico.

Cabe resaltar que el cromosoma Filadelfia no se transmite de madre a hijo. A los fines de una detección oportuna, el examen físico incluye la evaluación del bazo, un recuento sanguíneo, estudios bioquímicos de muestras sanguíneas, aparte de otros análisis que se efectúan tras la aspiración de la médula ósea, entre ellos, el citogenético para detectar posibles alteraciones en los cromosomas, la hibridación fluorescente para observar los genes y la reacción en cadena de la polimerasa, con el fin de analizar su estructura y su funcionamiento.

Por otra parte, la recuperación también está sujeta al tipo de tratamiento, a la fase en que se encuentre la enfermedad, a la edad del paciente, al tamaño del bazo (suele agrandarse y ocasionar molestias abdominales) y a la cantidad detectada de blastocitos.