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La opción está en tus manos, ¿estás preparado para dejar de fumar?

Si estás a la espera de un órgano o acabas de recibir un trasplante, dejar de fumar es una obligación. Aquí te damos unas cuantas claves.

El tabaco mata a casi 6 millones de personas cada año según la OMS. Y, por si fuera poco, según estudios realizados, después de un trasplante entre un 10-40% de los fumadores reincide. Ante estos datos, nosotros consideramos que la mejor opción es empezar este artículo dejando muy claro cuál es tu situación si, además de ser fumador,  estás a la espera de un trasplante o acabas de recibirlo.

Lo primero: Toma conciencia

Fumar y estar a la espera de un trasplante (o haber sido trasplantado) son cosas completamente incompatibles. Porque si fumas tendrás un riesgo elevado de padecer:

- Problemas cardiovasculares (en el cerebro: coágulos de sangre y aneurismas, coágulos sanguíneos en las piernas, y en el corazón, angina y ataques al corazón).

- Hipertensión arterial

- Riego sanguíneo deficiente.

- Cáncer (sobre todo en el pulmón, la boca, la laringe, el esófago, la vejiga, el riñón, el páncreas y el cuello uterino)

- Cicatrización deficiente de una herida, sobre todo después de cirugía.

- Problemas pulmonares (enfisema, bronquitis crónica o asma difícil de controlar).

- Problemas durante el embarazo.

- Disminución de la capacidad para saborear y oler.

- Daños en los espermatozoides.

- Pérdida de la vista

- Enfermedades de los dientes y las encías.

- Arrugas en la piel.

Además, fumar tiene un impacto importante en los resultados después de un trasplante: los receptores de los órganos de los fumadores corren un mayor riesgo de muerte, necesitan cuidados intensivos durante más tiempo y una mayor necesidad de ventilación.

Lo segundo: Hablemos claro, ¡eres un superviviente!

Cuando alguno de nuestros órganos vitales deja de funcionar, toda nuestra luz interior se apaga. Pasamos de ser constructores de vida a ser mendigos de ella. Y nadie mejor que tú conoce lo que significa levantarse día tras día y seguir una misma rutina inamovible (visitas médicas, tratamientos, hábitos de vida saludable, etc.) Cada paso, era (o es) para ti un reto hacia una única meta: conseguir un trasplante. Por ello, si has pasado o estás pasando por un desafío como este, deberías preguntarte: “después de algo así, ¿voy a dejar que nada vuelva a quitarme lo que tanto me ha costado, o está costando conseguir?” Dejar el tabaco, para un héroe como tú, es cuestión de un pequeño empujón.  Solo necesitas conocer al enemigo y ponerte manos a la obra. Vamos a por ello.

Lo tercero: Entender al enemigo

El siguiente experimento está demostrado y validado científicamente. Se meten dos ranas en cazos diferentes: uno a 40º y otro a temperatura ambiente. A este último se le va subiendo la temperatura muy progresivamente hasta adquirir también los 40º. En el primer caso, la rana salta automáticamente del cazo de agua, pues siente que se quema; en el segundo, la rana no hace nada y muere quemada.

¿Qué queremos decir con esto? Básicamente que no todas las situaciones encierran un riesgo inminente. En ocasiones, el daño es silencioso; se produce de manera lenta y progresiva, de forma que nuestro organismo acaba por habituarse al mismo. Este proceso constituye lo que conocemos por patología de los “círculos viciosos” (relaciones tóxicas de dependencia). Y te preguntarás: ¿por qué nuestra mente no reacciona ante peligros de este tipo? En primer lugar porque crea tolerancia y dependencia.

Nuestro cerebro está compuesto por casi un billón de células nerviosas que se organizan formando redes neuronales que desempeñan diferentes funciones. Todas las drogas de abuso actúan sobre lo que se conoce como “circuito de recompensa”, situado en el sistema límbico. Fue llamado así por ser el centro de recepción de las experiencias placenteras. Pero, ¿qué significa esto? Pues muy sencillo: que al consumir tabaco (u otra droga) el cerebro recibe órdenes de segregar un neurotrasmisor, la dopamina, la cual se traduce como “sensación de placer” al resto de neuronas. Por tanto, tu mente asocia esta experiencia con algo importante, con algo digno de recordar.

Con el consumo prolongado nuestro cerebro “pone freno” a una situación antinatural: elimina receptores de dopamina o sintetiza menos de la misma. Y aquí encontramos la razón por la que se crea lo que conocemos por insensibilidad o tolerancia, pues cada vez se necesita más cantidad para conseguir la misma sensación de placer. A la vez, esta disminución de la “capacidad para sentir” aumenta la necesidad de consumir, algo conocido como dependencia.

En relación a la dependencia psicológica ocurre lo siguiente: nuestro cerebro está estructurado para repetir actividades. Por ello, nuestra vida, en mayor o menor medida, se  compone de hábitos (ir a trabajar, comer, dormir, salir el fin de semana, etc.). La conducta de fumar forma parte de todos ellos, como lo haría un parásito. No solo no te aporta nada, sino que se aprovecha de los valores que le atribuyes (“me ayuda a relacionarme”, “me inspira”, “me relaja”, etc.) para tener sentido-vida dentro de tu día a día.

Lo cuarto: No tienes excusa, ponte manos a la obra

Ahora que sabes cómo funciona tu cerebro puedes controlarlo. ¿Estás preparado?

- Ármate de paciencia: Tus neuronas necesitan volver a entender que ya no hay nicotina. Cuando lo consigan te dejarán de recordar que “la echan de menos” y desaparecerá la sensación de ansiedad. Si la necesidad inicial te incomoda demasiado busca apoyo con algún medicamento que te recomiende tu especialista.

- Planifica un cambio en tus rutinas asociadas a fumar: si fumabas en cuatro momentos principales del día, cambia el horario de estos o incluye algún elemento nuevo que cambie la secuencia. Por otro lado, puedes sustituir el fumar por otra actividad que te guste.  Es cuestión de crear nuevos caminos o redes neuronales que a la vez te lleven a nuevos hábitos.

- Fija una fecha para empezar. Señálalo en algún sitio visible y avisa a tus familiares y amigos. Te ayudará a comprometerte más.

- Prepara tu casa: deshazte de los cigarrillos y de los ceniceros; haz algún cambio en la decoración.

- Refuerza cada tramo que vayas superando. Te hará más consciente y aumentará tu  motivación para el cambio. Por ejemplo, puedes utilizar una hucha donde metas el dinero de cada “caja no fumada”. Después puedes utilizarlo para comprarte algo que te guste o necesites.

Y solo si lo necesitas, busca grupos de apoyo. Muchos centros de salud cuentan con programas. 

Trasplantes, Bienestar, Diagnóstico, Medicación, Alimentación, Actividad física, Aspectos psicológicos

Autor: Marta Mero, Psicólogo

Última modificación: 12 mayo 2014

© People Who Global, iStock.com

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