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Donar en vida, un regalo que no tiene precio

Si donas un órgano en vida, no solo salvas la vida de otra persona, sino que además le ahorras pasar el desgaste de la lista de espera.

Decidir que quieres donar tus órganos una vez hayas fallecido es algo que dice mucho a tu favor. Es, sin duda, un gesto solidario digno de admirar, algo que te honra. Pero donar un órgano en vida es algo que no tiene precio. Regalando uno de tus órganos mientras vives, no solo salvas la vida de otra persona, sino que además le ahorras pasar por el sufrimiento y el desgaste de la lista de espera. Por no hablar de los buenísimos resultados que se obtienen al tratarse de órganos más jóvenes y que no han sufrido la agresión de una muerte cerebral.

La donación en vida es además algo cada vez más común: hoy en día este tipo representa en España el 15% del total de donaciones. Aunque los riñones son el órgano más cedido por donantes vivos –algo que ha hecho que la lista de espera de personas que esperan uno en España sea la más reducida de los últimos veinticinco años-, también se donan lóbulos de pulmón o partes del hígado, el páncreas o el intestino.

La decisión de ser un donante en vida no es, sin embargo, una decisión que pueda tomarse a la ligera. Es un deseo que debe sopesarse mucho, pues si bien es cierto que los resultados de la donación en vida son muy buenos, no menos verdad es que no todo el mundo puede hacerlo.

¿Quién puede ser donante vivo?

Cuando se tiene a una persona cercana, un familiar o un amigo que necesita un órgano no faltan las personas que se ofrecen a ser donantes en vida. Sin embargo, no se trata solo de una cuestión de voluntad. Para poder donar son necesarios algunos requisitos indispensables. El primero de ellos, el más importante, es que la persona que esté dispuesta a donar goce de un buen estado de salud. Como es de imaginar, esto es algo primordial; si la persona no es físicamente “apta”, no se considera ni siquiera la posibilidad. Por eso, la persona que quiera donar un órgano en vida, no puede padecer enfermedades tales como diabetes, hipertensión, deficiencias renales o cardíacas o cáncer. Además, debe ser alguien psicológicamente equilibrado, que sepa a qué tipo de intervención se enfrentará y que entienda perfectamente los riesgos y consecuencias.

¿Soy compatible?

Una vez que se ha demostrado que se cumplen todos estos requisitos, un representante del centro de trasplantes se reúne con el donante para discutir sus circunstancias individuales y realizar algunas pruebas que determinarán si es posible o no llevar a cabo el trasplante:

- Evaluación psicológica y psicosocial. Se trata de una herramienta que sirve para evaluar la salud mental. Gracias a esta prueba puede comprobarse si existe algún tipo de presión para que se done, si se entiende bien la información y si la decisión ha sido sopesada.

- Análisis de sangre. Como ya te puedes imaginar esta prueba se hace para examinar la compatibilidad de sangre entre el donante y el receptor.

-Tipificación de tejidos. Este análisis pone a prueba la compatibilidad de tejidos entre seis códigos en los glóbulos blancos del candidato y los glóbulos blancos del posible receptor. Cuantas más coincidencias se encuentren, mejores son las perspectivas de que el trasplante tenga éxito a largo plazo.

- Emparejamiento cruzado. Gracias a esta prueba se puede determinar la manera en que el organismo de la persona que va a ser trasplantada reaccionará al nuevo órgano.

¿Qué tipos de donantes en vida existen?

- Parientes. En esta categoría se incluyen a los hermanos, padres, hijos (mayores de 18 años), tíos y sobrinos.

- No emparentados. Son personas que emocionalmente son cercanas, pero que no son parientes sanguíneos. Por ejemplo, un marido o esposa, un amigo íntimo, un compañero de trabajo…La solidaridad y el amor a los demás no conocen condiciones.

- No relacionadas directamente. Se trata de gente que no está relacionada, que ni siquiera se conoce, pero que quieren donar un órgano por puro altruismo. Es la conocida donación en vida anónima o de extraño altruista.

- Trasplantes cruzados. En este tipo de trasplante, una persona dona un riñón a un desconocido a cambio de que un familiar o amigo de la persona que lo va a recibir haga lo mismo con alguien relacionado con él mismo que también lo necesita. Esto, como es de imaginar, sucede cuando no existe compatibilidad y se tiene que recurrir a personas ajenas al círculo familiar y afectivo.

- Por tipo de sangre incompatible. En este caso el donante vivo y el potencial receptor son incompatibles por lo cual se decide someter al candidato a un tratamiento especializado para prevenir el rechazo. Esto a veces implica que tenga que extirpársele el bazo al receptor durante la intervención.

¿Cómo es la recuperación?

No nos cansamos de decirlo: hoy en día los trasplantes son una intervención más que exitosa. Los riesgos asociados a esta operación son mínimos (solo los relacionados con la anestesia), y en la gran mayoría de los casos, en tan solo dos semanas, el donante se encuentra totalmente recuperado.

En el caso del donante vivo de riñón el órgano que le queda aumentará de tamaño muy ligeramente para hacer el trabajo que compartían antes ambos riñones. No hay nada preocupante en torno a esto, es algo completamente normal y que no cambia en absoluto las expectativas de vida de la persona. Y es que, después de la operación, la mayoría de los donantes llevan una vida saludable y normal.

Con el hígado sucede prácticamente lo mismo: es un órgano que tiene la capacidad de regenerarse y recuperar su función completa. Los pulmones, sin embargo, no pueden regenerarse, aunque esto no es impedimento para que la persona lleve una vida completamente normal con una función un poco más reducida.

La historia de Jorge

Jorge es de Madrid y tiene 34 años. Fue diagnosticado con enfermedad renal crónica a finales de 2008, con solo veintinueve años. Al poco tiempo, cuando se encontraba ya en periodo de prediálisis, fue despedido de su trabajo, algo que, explica, “fue aún más desmoralizador”. Sin embargo, Jorge no se rindió y decidió aprovechar ese tiempo para estudiar un máster relacionado con sus estudios. A los pocos meses, en mayo de 2009, entró a formar parte de la lista de espera.

Dos años después, viendo que las perspectivas de obtener un riñón a corto plazo no eran muy halagüeñas, su madre decidió donarle un riñón y ahorrarle la angustia de la lista de espera. Esto es algo que Jorge nunca le agradecerá lo suficiente: gracias a este trasplante pudo evitar tener que someterse a diálisis. Cuenta que su vida pegó un giro de 180 grados. “Estoy muchísimo mejor que antes del trasplante. Estoy fuerte, mucho más enérgico, con ganas de todo”, explica con una sonrisa en los labios.

Cuando le preguntamos por lo que supone este gesto que su madre tuvo con él, nos dice: “Le estoy eternamente agradecido. Si mis sentimientos hacia ella antes eran buenos, ahora son muchísimo mejores y más profundos”.

Trasplantes, Diagnóstico, hígado, riñón, pulmón, donar en vida, compatibilidad

Autor: Purificación Salgado, Periodista

Última modificación: 11 marzo 2013

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