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Necesito un trasplante, pero ¿puedo?

El trasplante es el último recurso contra la insuficiencia de un órganos. Existen casos en los que no se puede trasplantar al paciente.

El trasplante es la última solución, el último recurso para poner fin al mal funcionamiento de cualquiera de nuestros órganos. Cuando ni la medicación ni ninguna otra cirugía han funcionado, cuando ya no queda otro medio al que recurrir, la sombra del trasplante siempre está ahí. Y no hay que tenerle miedo. Hoy en día esta intervención se ha convertido en una operación de éxito: los resultados en pacientes son cada vez más sorprendentes y gracias a ello miles de personas cada año vuelven a nacer. Sí, sin duda el trasplante es una tabla de salvación. Pero por desgracia existen casos en los que no se puede trasplantar al paciente. ¿Sabes cuáles son?

No se puede trasplantar un hígado o riñón si...

- Se tiene alguna infección como tuberculosis u osteomilitis. Ésta última es una infección ósea causada por bacterias u otros microorganismos. Estos actúan propagándose a un hueso desde la piel, los músculos o los tendones afectados próximos al hueso.

- Se tiene alguna dificultad para tomar medicamentos varias veces cada día. Ten en cuenta que el tratamiento de una persona trasplantada es de por vida. Necesita llevarse a rajatabla. Si no existe responsabilidad y concienciación por parte del paciente, no hay nada que hacer.

- Existe una cardiopatía, una neumopatía o hepatopatía. Vamos, que o el corazón, o los pulmones o el hígado (en el caso del trasplante de riñón) no funcionan en condiciones.

- Hay antecedentes de cáncer.

- Existe alguna infección, por ejemplo una hepatitis. No tiene sentido que si se sabe de antemano que el nuevo órgano va a resultar dañado, se proceda a la intervención.

- Se sufre tabaquismo, alcoholismo, drogadicción u otros hábitos de estilo de vida que no son precisamente saludables.

No se puede trasplantar un corazón si...

- La persona está desnutrida. No se encuentra en condiciones para someterse a esta intervención. Ni siquiera hay convicción de que vaya a poder sobrevivir a la operación.

- Se es mayor de 55 años. Cuanto mayor se es, menos probabilidades se tienen de poder salir adelante con el órgano trasplantado. Es duro pero es la realidad.

- La persona ha sufrido un accidente cerebrovascular grave o sufre demencia.

- El paciente ha tenido cáncer o está infectado con VIH. Su organismo está demasiado debilitado como para tolerar un trasplante con todo lo que ello conlleva.

- Se tiene diabetes tipo 1 y hay algún otro órgano que no está funcionando correctamente.

- Existe una hepatopatía, nefropatía, neuropatía o neumopatía. Sucede lo mismo que con los trasplantes de hígado y riñón: cuando hay otro órgano que es vital y no funciona como debiera, se desaconseja el trasplante.

- Se tiene hipertensión pulmonar (los vasos sanguíneos del pulmón son más gruesos de lo normal).

- Se fuma o se consumen alcohol o drogas. Los hábitos de vida poco saludables ya sabemos que no son compatibles con la responsabilidad que supone recibir un nuevo órgano al que hay que tratar con todo el cuidado del mundo.

No se puede trasplantar un pulmón si...

- La persona está demasiado enferma o desnutrida para someterse a la intervención. Su debilidad es tal que no hay seguridad siquiera de que pueda aguantar la operación.

- Se sigue fumando o consumiendo alcohol en exceso. Por no hablar del consumo de otras drogas. Está claro que si la persona no es responsable y se comporta como si no valorara lo suficiente su vida, no se contemplará como una candidata para recibir un nuevo pulmón.

- Se tiene hepatitis B, hepatitis C o VIH. Lamentablemente esto es así: el pronóstico vital de una persona con alguna de estas enfermedades no es muy halagüeño. El riesgo de desarrollar cirrosis en los próximos cinco años es bastante considerable.

- Se ha sufrido cáncer en los últimos dos años.

- Existe una enfermedad pulmonar que probablemente vaya a afectar al nuevo pulmón.

- Hay una enfermedad grave que afecta a otro órgano.

Para vivir dependemos del funcionamiento de nuestros órganos. Cuando estos fallan necesitamos encontrar un tratamiento que reemplace las tareas que estos deberían hacer. El trasplante es uno de estos tratamientos, un recurso que cada vez ofrece más satisfacciones pero que, como has visto, no siempre se puede llevar a cabo. Lo ideal es que hables con tu médico abiertamente sobre el tema: él te explicará con pelos y señales qué requisitos debes cumplir para poder someterte a esta intervención. No te dejes ninguna pregunta: él está ahí para ayudarte. 

Trasplantes, Diagnóstico, cardiopatía, Trasplante, contraindicaciones, infección, cáncer

Autor: Purificación Salgado, Periodista

Última modificación: 28 enero 2013

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