Codigo_firma_trasplantes_480x320

11 principios que aseguran las buenas prácticas ante un trasplante

Principios Rectores sobre Trasplante de Órganos Humanos, un marco ético sobre el trasplante y la donación de órganos.

Todo empezó a mediados del siglo XX, cuando la sociedad observaba perpleja el nacimiento de un puñado de avances científicos y tecnológicos que daban un vuelco al mundo de la medicina y hacían nacer una técnica revolucionaria: el trasplante.

A día de hoy, a nadie le cabe duda de que gracias a este tipo de cirugía se salvan muchas vidas en todo el mundo, pero en su momento, como no podía ser de otra forma, no faltaron las voces detractoras y los dilemas morales ante los cuales había que tomar una postura.

Además, la inquietud ante la posibilidad de que se crease una especie de mercado de órganos y la necesidad de establecer unas ciertas normas mundiales hacían a la OMS redactar los Principios Rectores sobre Trasplante de Órganos Humanos, unos principios que proporcionaban un marco ético y ordenado, un marco que no dejaba lugar a los tejemanejes, enredos y actividades ilícitas. Son once y son los siguientes:

1. Pueden extraerse órganos si no hay razones para pensar que el fallecido no habría querido.

Fundamental. El consentimiento es sin duda la piedra angular de cualquier intervención médica, y, cómo no, también lo es del trasplante. Si no hay consentimiento, no hay nada más que deba discutirse. De cualquier forma, en nuestro país la cosa funciona así: puedes dejar constancia de que quieres donar tus órganos una vez hayas fallecido, pero debes asegurarte también de que tus familiares  están al tanto de este deseo, porque al final la última palabra la tendrán ellos.

2. Los médicos que hayan declarado la muerte de una persona no pueden participar en la extracción de sus órganos.

Es más, ni siquiera pueden ocuparse de atender a los receptores trasplantados. Y todo por evitar el conflicto de intereses que podría surgir si el médico que determinó la muerte de una persona tuviese algo que ver con aquella que va a recibir el órgano. Parece muy enrevesado, pero, ya se sabe, la realidad siempre supera a la ficción.

3. En general, los donantes vivos deben estar relacionados genética o emocionalmente con los receptores.

No solo porque desde el punto de vista terapéutico la existencia de una relación genética puede resultar muy beneficiosa, sino que además ofrece garantías de que la donación es completamente altruista. Y es que las donaciones por parte de personas sin relación alguna siempre han sido motivo de sospecha y preocupación. Como se trata de que la decisión sea auténtica y de que no exista ningún condicionante, mucho mejor si el donante es alguien cercano. Así nos ahorramos dudas.

4. No se pueden extraer órganos del cuerpo de un menor excepto en algunas ocasiones.

La principal excepción la encontramos en el caso del trasplante renal entre gemelos idénticos, donde por lo general la autorización de los padres basta para realizar la intervención. En cualquier caso, si el menor se opone a donar, es la única voz que hay que escuchar. Y, por supuesto, de ninguna manera los padres pueden coaccionar a su hijo a que haga algo que no quiera.

5. Está totalmente prohibida la compra y venta de órganos.

No hay nada más injusto que, por cuestiones de poder adquisitivo, unas personas tengan más posibilidades de obtener un órgano y en definitiva de curarse que otras. Porque si estuviese permitida la venta de órganos, los más pobres y vulnerables estarían totalmente en desventaja. Por eso y porque la donación siempre debe ser un acto desinteresado, bajo ningún concepto se permite el pago por órganos. Ojito con esto, porque en nuestro país el tráfico ilegal de órganos e incluso el anuncio de compra-venta de órganos constituyen una práctica ilegal que puede suponer hasta 12 años de cárcel.

6. Sí que se permite la promoción de la donación de órganos mediante publicidad y llamamientos públicos.

Siempre dentro de un marco legal y de forma regulada, claro. Lo que sí que está prohibido, como te puedes imaginar, es la incitación comercial, ofreciendo, por ejemplo, dinero por los órganos a parientes de personas fallecidas o a otras personas que estén en posesión de ellos (como por ejemplo a las empresas funerarias).

7. Los médicos no pueden participar en trasplantes donde los órganos hayan sido obtenidos mediante coacción al donante.

Es más: no asegurarse de que la persona que se ha ofrecido a donar no ha recibido ningún dinero o no ha sido presionada para hacerlo constituye una infracción que debe ser sancionada. Cuando se lleva a cabo una intervención tan importante como un trasplante, los profesionales sanitarios deben estar muy seguros de que la donación ha sido completamente voluntaria. No puede haber ni la más mínima duda.

8. Quienes se dedican a obtener y trasplantar órganos no deben recibir más dinero por ello.

Las autoridades sanitarias tienen el deber de vigilar lo que los profesionales dedicados a los trasplantes reciben por su labor, y todas las personas y centros implicados deberán rendir cuentas del dinero que ganan. Que no se trata de que se origine un lucro incontrolado alrededor de la obtención de órganos.

9. La asignación de órganos debe siempre regirse por criterios clínicos y éticos, nunca por motivos económicos.

Por supuesto tampoco pueden influir criterios de raza, sexo o religión. A la hora de elegir al receptor de un órgano solo entran en juego motivos de salud y normas de ética general. Y además esto debe estar regido por un comité formado por especialistas donde la transparencia sea el valor principal.

10. Los procedimientos tanto en el momento de la extracción del órgano como a la hora de realizar el trasplante deben ser de alta calidad, seguros y eficaces.

Además, bajo la supervisión de las autoridades sanitarias, los programas de trasplante tienen que llevar a cabo un seguimiento de los donantes y de los receptores. Es imprescindible que se garanticen los cuidados apropiados y que en todo momento los beneficios tanto para el donante como para el receptor compensen con creces los riesgos derivados de la intervención. Si no, no tiene ningún sentido llevar a cabo la operación.

11. La transparencia, garantizando la protección y privacidad de donantes y receptores, debe regir todas las actividades en un trasplante.

¿Cómo se consigue esto? Pues manteniendo siempre el acceso público a la información global sobre los procesos y, principalmente, sobre la asignación, las actividades de trasplante y los resultados conseguidos. Por supuesto también debe existir la posibilidad de acceder a toda la información sobre la organización, los presupuestos y la financiación. Tiene que estar todo bien claro.

Seguramente todavía nos queda mucho por ver en el mundo de los trasplantes. Probablemente presenciaremos un montón de mejoras, la aparición de nuevos inventos tecnológicos que harán que nos frotemos los ojos de incredulidad, e incluso puede que asistamos al nacimiento de la creación de órganos a la carta. Lo que seguro que nunca cambiarán son las buenas prácticas, la justicia y la igualdad. ¿A que después de leer este artículo no te queda ninguna duda?

Trasplantes, Diagnóstico, Medicación, Tratamientos no farmacológicos, Profesionales de la salud, Sanidad pública, Sanidad privada

Autor: Purificación Salgado, Periodista

Última modificación: 17 marzo 2014

© People Who Global, iStock.com

¿Te ha gustado esta publicación?

Si te ha gustado esta publicación, suscríbete a nuestra Revista y recibe los nuevos contenidos.

Suscribirme a la Revista