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Volver a trabajar tras el trasplante, ¿es posible?

Reincorporarse a la vida laboral tras un trasplante es algo que preocupa a quienes necesitan uno. Aquí encontrarás algunos consejos.

Aunque Óscar Giménez es argentino, ya son más de diez años los que lleva viviendo en España, a orillas del mar Mediterráneo. Llegó a la ciudad de Melilla en el año 2002 y empezó a trabajar como fontanero, profesión a la que se había dedicado toda su vida. Llevaba una vida “tranquila y feliz” hasta que un día la mala fortuna quiso que Óscar enfermase de sarcoidosis, una afección muy grave y poco conocida que provoca la inflamación de los ganglios linfáticos, los pulmones y el hígado, entre otros órganos y tejidos. En el caso de Óscar, sus pulmones empezaron a dejar de funcionar prácticamente “de la noche a la mañana”. “Nunca había estado enfermo y de repente pasé a necesitar unos nuevos pulmones.”, nos explica aún con tono sorprendido. Y solo hacía dos años que había llegado a España. Corría entonces el año 2004.

Solo cuatro años más tarde la salud de Óscar había empeorado hasta límites muy preocupantes. 2008 fue el año en el que entró en la lista de espera: “Aunque no lo encajé bien, no nos engañemos, en el fondo sabía que era la única opción que tenía”, aclara.

Dos años después, “una espera bastante larga para tratarse de un trasplante”, llegaron los nuevos pulmones. Y llegaron a Córdoba, que era la ciudad a la que Óscar se había trasladado junto con su mujer e hijas para “tener más posibilidades de que el trasplante tuviese lugar pronto”. Tras la operación, “la recuperación fue muy rápida”. Solo tres meses después de haber sido intervenido, Óscar ya había vuelto a Melilla con la firme convicción de no quedarse de brazos cruzados. Sabía que no podría volver a trabajar como fontanero, algo que, lejos de desmoralizarle, supo entender como una oportunidad de oro para darle un giro a su carrera profesional.

A Óscar, que siempre le había interesado la fotografía, se le ocurrió que podía probar suerte en el mundo del fotoperiodismo. Y así lo hizo: “Creé una página en la que colgaba todas mis fotografías. Eran fotos sobre todo de eventos a los que yo iba por mi cuenta.” Lo siguiente fue empezar a trabajar para un periódico que se interesó en sus fotografías: “Me llamaron para una sustitución de 15 días y al final acabé quedándome. Ahora no solo hago fotos, también escribo.”

Y la cosa no acaba aquí. Porque tras ver el trabajo que Óscar hacía para el periódico, fue una de las principales emisoras de radio nacionales la que se interesó en él: “Ahora produzco, dirijo y locuto un programa de radio sobre deportes”. “Y además llevo una vida totalmente integrada en la sociedad y totalmente sana, algo que tengo que agradecer a la persona que me donó sus órganos, a su familia, y a los médicos que me trasplantaron”.

Otro trasplante, en este caso de hígado, fue el causante de que la vida de Raúl Bustamante cambiase por completo sus derroteros.

Raúl, aragonés de 39 años, trabajaba como pintor y decorador recorriendo casi toda España y “parte del extranjero”, añade enseguida orgulloso. “Era algo que me hacía muy feliz”, explica nostálgico. “Yo siempre me he sentido muy satisfecho siendo pintor. Me encantaba porque me permitía conocer nuevos lugares y centenares de personas”, explica. Raúl empezó en este oficio con solo 15 años de edad: “Casi toda una vida dedicado a esto, llega un momento que no sabes hacer otra cosa”.

Pero un mal día tuvo un accidente de moto y se destrozó la rodilla: “Después de varias operaciones, la cosa no quedó nada bien. Tenía unos dolores tremendos y tomaba pastillas antiinflamatorias sin ningún tipo de control”. Antes de que nos de tiempo a preguntarle, nos aclara que en aquellos momentos no era consciente de lo que le podía pasar: “Estuve así mucho tiempo hasta que un día mi hígado explotó”.

Lo que siguió a esto fueron muchos meses ingresado en un estado muy crítico: “Estaba entre la vida y la muerte. Cada día que pasaba era peor. Se estaban empezando a estropear otros órganos vitales y decidieron ponerme en lista de espera para un trasplante”.

Cuando Raúl pensaba que el órgano no llegaría a tiempo, “pensaba que me moría”, le llamaron para ser trasplantado. Pero con el nuevo hígado también llegó una noticia que al principio no encajó muy bien: “Mi trabajo era incompatible con el trasplante pues tenía que evitar sitios tóxicos”.

Pero Raúl, al igual que Óscar, no quería quedarse de brazos cruzados. Él, que había recibido la ayuda una asociación de trasplantados, sabía hasta qué punto era importante dar ánimos a los enfermos y familiares, “además de colaborar en la labor de difusión de las donaciones de órganos”, añade.

Y eso era lo que él quería hacer: “Es una gran satisfacción ayudar porque a mí me salvaron la vida. Cada persona que se hace donante es una alegría para nosotros”. Raúl trabaja ahora como secretario general de AETHA, la asociación de enfermos y trasplantados hepáticos en Aragón. Y aunque acaba de ser padre y “la chica pequeña le absorbe un montón de tiempo”, trata de colaborar en todo lo posible con la asociación. “Estas cosas son las que me hacen feliz”.

Óscar y Raúl son solo dos ejemplos de gente luchadora, de gente inconformista, solidaria y generosa. Son solo dos nombres dentro de la gran masa de personas que aman la vida, que están dispuestas a exprimirla hasta la última gota de sus posibilidades, que están decididas a aprovechar los recursos que tienen a su disposición, que se atreven a buscar en su interior, a descubrir su talento, su potencial. Que, en definitiva, hacen lo que pueden con lo que tienen. Y visto lo visto, lo que pueden es mucho.

Trasplantes, Diagnóstico, sarcoidosis, trasplante de riñón, trasplante de pulmón, trabajo, periodista, fotógrafo, asociación

Autor: Purificación Salgado, Periodista

Última modificación: 29 abril 2013

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