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5 historias de superación, 5 historias de personas trasplantadas

Detrás de un trasplante hay una historia de superación, una biografía marcada por las dudas y el miedo, pero también por las ganas de vivir.

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Detrás de cada trasplante hay una historia de superación, una biografía marcada por las dudas y el miedo a la muerte, pero también por la esperanza y las ganas de vivir. Nosotros queremos presentarte a cinco personas que pasaron de creer que no sobrevivirían a querer comerse el mundo.

Patxi Irigoyen, mecánico de profesión, nació en Pamplona en 1975. Aunque su nacimiento fue completamente normal, a los pocos días ya sus padres se dieron cuenta de que su metabolismo no funcionaba con normalidad, que no ganaba peso y que segregaba mucha mucosidad. Patxi tenía fibrosis quística, una enfermedad degenerativa crónica que afecta a las mucosas de los órganos secretores, al sistema digestivo y, sobre todo, al sistema respiratorio.

Después de una infancia y una juventud de hospital en hospital, a los 25 años fue trasplantado de ambos pulmones, y pasó de respirar lo que “en un puño cerrado cabe” a escalar cimas de más de 5.000 metros.

¿Cómo se vive la espera de un trasplante?
Es una espera dura. Yo pude llevarlo mejor gracias al apoyo de mi familia, sobre todo de mi madre. También influyó que meses antes conocí a la que hoy es mi novia. La verdad es que se dieron un cúmulo de ilusiones que me hicieron tirar para adelante.

¿Qué es lo mejor y lo peor de saber que van a trasplantarte?
Lo mejor es que sabes que hay una segunda oportunidad. La espera te hace conocer a gente que ya lo ha recibido y que ha mejorado en un 100% su calidad de vida. Lo mejor es saber que vas a poder cumplir tus sueños y que vas a experimentar cómo respira una persona normal.

Lo peor es que es una operación muy complicada. Eso y que tienes que esperar a que una persona fallezca para que tú sigas viviendo…

¿Cómo cambia tu vida después de la operación?
La vida da un giro de 180 grados. Respiras requetebién, empiezas a querer ponerte a prueba…Te cambia la manera de ver las cosas, de sentir la vida…todo.

¿Qué cosas puedes hacer ahora que antes eran inimaginables?
Ahora escalo cumbres de 6000 metros, practico esquí, snowboard, hago bici, nado y corro. Estoy en una nube después de haber recibido estos maravillosos órganos y tengo la obsesión de que tengo que cuidarlos mediante el deporte, así que hasta para ir a comprar el pan voy corriendo.

¿Cuál consideras que es tu mayor logro?
Mi mayor logro no es subir montañas. Mi mayor logro es poder dar aliento a muchos padres con niños con fibrosis quística, que saben que hay un futuro para ellos después de ver todo lo que yo estoy consiguiendo.

¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
Divulgar la fibrosis quística y la donación. Ése es mi proyecto para el futuro, cada día lo tengo más claro.

¿Algún consejo para otras personas que esperan un órgano?
Que se rodeen de sus mejores amigos y familiares, que traten de ser positivos y que piensen que otra vida es posible.
Como Patxi, Irene Solà nació también con fibrosis quística, una enfermedad con la que pudo convivir bastante bien durante muchos años. Pero esta relación empeoró meses antes de la operación. Su estado era tan crítico que tenía que estar con oxígeno todo el tiempo y con una sonda para poder alimentarse. Irene no podía ni siquiera estirarse para dormir, tenía que hacerlo sobre la mesa para comer del hospital. Tras cinco meses ingresada, fue trasladada a la UCI con un criterio de urgencia 0 a nivel estatal. Allí llegó a sufrir una parada cardiorespiratoria de quince minutos. Irene tenía solo 15 años. Pero cuando parecía que nada podía salvarla, llegó la llamada tan esperada. Y con ella unos nuevos pulmones.

Hoy Irene puede decir que ha podido sobreponerse a cosas que nunca creyó que podría superar. Y además ha escrito un libro: “De somriure a riure”, un relato lleno de vivencias dolorosas, pero también de ganas de vivir, madurez y esperanza.

¿Cómo se vive la espera de un trasplante?
Al principio con mucha normalidad porque sabía que el tiempo de espera era bastante largo. Aún así, cada vez que sonaba el teléfono me daba un vuelco el corazón. Fue cuando ya estaba muy mal, cuando estaba entubada, cuando el tiempo de espera se me hizo eterno.

¿Qué es lo mejor y lo peor de saber que van a trasplantarte?
Sin duda lo mejor es saber que de nuevo podrás volver a respirar sin dificultad. Esto yo creo que es lo que más se anhela cuando no se tiene. También saber que podrás volver a hacer cosas que poco a poco has tenido que ir dejando. En cuanto a lo peor, en mi caso era el miedo a enfrentarme a un hecho tan importante y a la vez tan desconocido.

¿Cómo cambia tu vida después de la operación?
Aunque para mí todo ha sido más difícil ya que debido al tiempo de espera he sufrido complicaciones neurológicas importantes, con los nuevos pulmones he podido volver a sentir el aire y respirar, con todo lo que eso representa, que es mucho.

¿Qué cosas puedes hacer ahora que antes eran inimaginables?
Para mí una de las cosas más gratificantes fue el hecho de poder dormir tumbada de nuevo. Eso y respirar de nuevo sin ahogarme.

¿Cuál consideras que es tu mayor logro?
A causa de la espera porque no había donantes, pasé por muchas complicaciones importantes que pusieron en peligro mi vida varias veces. Por suerte, pude superar todos los contratiempos y salir para adelante, y los médicos me animaron a escribir mi experiencia. Lo pensé a conciencia y llegué a la conclusión de que si eso podría ayudar a que la gente se diera cuenta de la importancia de hacerse donante, valdría la pena. De ahí salió mi libro “De somriure a riure”, algo de lo que estoy orgullosa.

¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
No me gusta hablar del futuro. Una de las cosas más importantes que he aprendido es a vivir el día a día y a aprovechar cada minuto.

¿Algún consejo para otras personas que esperan un órgano?
Mi consejo es “Ten esperanza y confianza en los médicos y los donantes. Si yo he podido conseguirlo, no dudes que tú también podrás”.
Ramón Ortega nació con síndrome de Alport, una enfermedad rara que afecta al riñón, a la vista y al oído. Cuenta que su infancia transcurrió con normalidad, con revisiones anuales a las que enseguida se acostumbró hasta que a los 20 años su función renal empezó a fallar. A los 23 empezó con hemodiálisis, y al poco tiempo entró a formar parte de la lista de espera.

Desde enero de 2006 su vida es completamente diferente. El 31 de ese mes fue trasplantado y, desde entonces, se ha volcado en el deporte, llegando a conseguir varias medallas en campeonatos tan renombrados como los Juegos Olímpicos para Trasplantados.

¿Cómo se vive la espera de un trasplante?
Pasé temporadas buenas y no tan buenas, aunque siempre intenté mantener una vida lo más normal posible. Seguí trabajando, haciendo deporte…aunque la diálisis es un tratamiento muy agresivo que te va minando.

¿Qué es lo mejor y lo peor de saber que van a trasplantarte?
En mi caso ya era la tercera vez que me llamaban, así que fui sin esperar nada. Ya había pasado por todas las pruebas y me había ido a casa sin nada en dos ocasiones, así que, cuando a la tercera me dijeron que un riñón era para mí, fue todo tan rápido que no me dio tiempo a pensar; ni en lo peor, ni en lo mejor. No tuve tiempo ni para sentir miedo. Me metieron en el quirófano y, nada más entrar, ya me durmieron.

¿Cómo cambia tu vida después de la operación?
Buf, cambia muchísimo…Cuando llevas tiempo en hemodiálisis te acostumbras a estar siempre cansado y con el trasplante esa sensación desaparece. Te levantas por las mañanas sintiéndote bien, con energía, lleno de vida.

¿Qué cosas puedes hacer ahora que antes eran inimaginables?
Ahora me levanto a las nueve de la mañana y estoy sin parar todo el día hasta la una de la noche. Puedo viajar sin ataduras, competir a un alto nivel deportivo, comer un plato de lentejas y repetir, dormir de un tirón toda la noche, beber tres litros de agua al día… Hace diez años no podía imaginar vivir como vivo ahora.

¿Cuál consideras que es tu mayor logro?
He competido en ciclismo principalmente y, sobre todo, en campeonatos en España. En 2008 hice bronce y en 2010 plata. Gracias al deporte también conocí a una gran amiga que cambió mi mentalidad. Juntos nos planteamos competir en los Juegos Olímpicos para Trasplantados que se celebraron en Goteborg en 2011, mi primer mundial, donde conseguí una plata y un bronce en natación. Fue todo muy emocionante.

¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
Ahora estoy preparando los próximos Juegos, que se celebrarán en Sudáfrica. También quiero seguir trabajando en la promoción de la donación de órganos para que más personas puedan disfrutar de una segunda oportunidad.

¿Algún consejo para otras personas que esperan un órgano?
Que normalicen su vida al máximo, que retomen aquellas actividades que hayan aparcado, aunque cueste trabajo hacerlo. Que eliminen de su vocabulario la expresión “no puedo”.
Lo único que pudo decir Raquel Pascual cuando el médico le explicó que tenía un corazón nuevo fue “¡Qué fuerte! Y es que el caso de Raquel no es un caso al uso. Ella pasó de ser una persona completamente sana a necesitar un trasplante en solo un día. Nunca había padecido ninguna enfermedad cardiológica hasta que un día sufrió un infarto de miocardio. Solo un mes antes de ser trasplantada, Raquel había dado a luz a su segunda hija, Ainhoa, una niña cuya cara ni siquiera podía reconocer tras la operación.

Ya han pasado casi diez años desde que le realizaron la operación y es muy consciente de que su vida ha cambiado. Se lo toma con humor y explica que casi la única secuela que le ha quedado es la de tener que pasar revisión cada seis meses.

¿Cómo se vive la espera de un trasplante?
Mi caso no es el típico de una persona que arrastra una enfermedad y la única solución es el trasplante. En mi caso, la espera transcurrió sin darme cuenta. De los dos días que estuve conectada a una máquina, no tengo más que vagos recuerdos.

¿Qué es lo mejor y lo peor de saber que van a trasplantarte?
Fue todo muy rápido. Íbamos de fin de semana a visitar a unos familiares para que conocieran a la niña recién nacida. En el camino empecé a encontrarme mal, con opresión en el pecho y ganas de vomitar. Fui al hospital y me dijeron que había sufrido un infarto. Horas después me dieron otro diagnóstico: shock cardiogénico secundario. Dos meses después llegó el corazón. Yo no fui consciente de nada de esto. Por eso no puedo decir que fue lo mejor ni lo peor.

¿Cómo cambia tu vida después de la operación?
Pues al principio fue duro: muchos cuidados, muchos miedos…pero luego te vas acostumbrando. Lo más importante es que estoy viva y ese simple hecho me hace querer aprovechar cada minuto.

¿Qué cosas puedes hacer ahora que antes eran inimaginables?
Yo no había estado enferma nunca, así que no puedo decir que mi vida haya ido a mejor. Lo que sí que puedo decir es que vivir esto me ha humanizado y me ha hecho aprender que la vida es muy importante. Sobre todo ahora aspiro a ser buena gente con mi familia y con los míos.

¿Cuál consideras que es tu mayor logro?
Haber podido superar esto. También supongo que poder apreciar la vida como lo hago ahora. Poder vivir sin pensar en el futuro y aprovechar al máximo. Además yo soy una persona muy activa que siempre está haciendo cosas. También dejé de fumar, hago ejercicio y me cuido bastante.

¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
No tengo planes de futuro, simplemente vivir el día a día. Ésta es mi mentalidad tras el trasplante.

¿Algún consejo para personas que esperan un trasplante?
Solo quiero decirles que su vida va a mejorar muchísimo en muchos aspectos. También quiero animar a quienes lean esto a que se hagan donantes, que pueden salvar muchas vidas, como la mía.
A Teresa Camín le detectaron una poliquistosis hepato-renal hace ya trece años. Fue a raíz de un cólico que le provocó una inflamación del abdomen enorme y una presión arterial muy alta. Esta enfermedad acabó derivando en una insuficiencia renal crónica y en un engrandecimiento del hígado que le oprimía el resto de órganos.

Teresa explica que su abdomen no paraba de crecer y la enfermedad no paraba de empeorar. Su barriga parecía la de una embarazada de ochos meses y el pronóstico no era nada favorable. Un día le comunicaron que tenía que ser trasplantada. Y que debía ser un doble trasplante: tenía que recibir un hígado y un riñón nuevos.

¿Cómo se vive la espera de un trasplante?
Yo estuve siete meses en la lista de espera, y tengo que decir que todo este tiempo lo viví con impaciencia y con muchas ganas e ilusión. Recuerdo que me sobresaltaba cada vez que sonaba el teléfono. Hasta que una noche llegó la llamada tan esperada…

¿Qué es lo mejor y lo peor de saber que van a trasplantarte?
Yo soy una persona positiva y sabía que estaba en muy buenas manos. Por eso, para mí, lo mejor era saber que iba a tener una calidad de vida mucho mejor. Lo peor, supongo que como todo el mundo, el miedo a una operación tan complicada, pensar que corres un riesgo.

¿Cómo cambia tu vida después del trasplante?
Mi vida ha dado un giro de 360 grados. Ahora tengo ganas de hacer más cosas. El trasplante me ha hecho ver la vida de otra manera. Solo pienso que solo se vive una vez y a mí me han dado otra oportunidad que pienso aprovechar.

¿Qué cosas puedes hacer ahora que antes eran inimaginables?
Antes no podía bañarme en la piscina porque me producía hematurias o no podía comer algunas cosas porque me sentaban mal…Sin embargo ahora llevo una vida muy normal.

¿Cuál consideras que es tu mayor logro?
Pues yo creo que mi logro es haber aprendido a vivir sin miedo. Y por supuesto haber formado una familia y sobre todo haber tenido a mi hija.

¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
Mi único proyecto es tratar de vivir el día a día, tomarme todo con tranquilidad y disfrutar de la vida. Y seguir haciendo cosas que me gustan como estudiar, dar clases de manualidades o viajar.

¿Algún consejo para otras personas que esperan un órgano?
Sobre todo yo quiero decirles que no desesperen y que no tengan miedo. Que confíen en el sistema sanitario, que el trasplante llegará al final y que traten de ser muy muy positivos, que eso ayuda muchísimo en la espera y en la recuperación.

Patxi, Irene, Ramón, Raquel y Teresa son solo cinco ejemplos de que la solidaridad puede salvar vidas, de que las segundas oportunidades no serían posibles si no existiese gente altruista. Son historias de superación, de personas que han luchado por seguir viviendo y lo han conseguido. Pero aún quedan muchos nombres en la lista que esperan esa segunda oportunidad, ¿se la vas a dar tú?

Autor: Purificación Salgado, Periodista

Última modificación: 4 marzo 2013

© People Who Global, Oriol Alegret

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