¿Cómo afectan los inmunosupresores en tu cuerpo?

Un inmunosupresor es un medicamento que bloquea algunas funciones del sistema de defensa del cuerpo humano y se les prescribe especialmente a los pacientes que han sido sometidos a trasplantes de órganos para hacer que la cirugía sea un éxito y disminuir el riesgo de rechazo. También se les suministra a los pacientes que padecen enfermedades autoinmunes graves, como esclerosis múltiple, anemia, artritis, lupus, diabetes psoriasis, colitis, entre otras.

Básicamente, el sistema inmunológico genera mecanismos de defensa cuando detecta la presencia de algún agente infeccioso o antígeno en el organismo, de modo que pueda ser reconocido por los linfocitos T y B, responsables de la generación de anticuerpos que evitan la multiplicación del germen, anulándolo por completo.

En algunas ocasiones, cuando el sistema inmunológico falla o está muy débil, no distingue entre sus propias células y los agentes externos, por lo cual va atacando sus tejidos erróneamente. Al haber autoinmunidad, se activan los linfocitos autorreactivos, mejor conocido como anticuerpos y comienzan a aparecer las patologías.

Los inmunosupresores chocan con los linfocitos T y usualmente contienen corticosteroides y fármacos como la azatioprina, sirolimus, micofenolato y ciclofosfamida. A pesar de que inicialmente se obtuvo buenos resultados, en la actualidad con la introducción de nuevos inmunosupresores se han registrado efectos secundarios en los pacientes.

Algunos estudios revelan que hay efectos secundarios de los inmunosupresores en el trasplante de órganos, asociados a la toxicidad tras la interacción con otros fármacos, hecho que complica el manejo del cuadro clínico y empeora el diagnóstico. Tal sucede con los que inhiben la calcineurina y la mTOR, que son los que mayormente se utilizan.

Contraindicaciones de medicamentos inmunosupresores

Los efectos secundarios de los inmunosupresores en realidad varían y dependen de la medicación que tenga el paciente y las dosis que le hayan indicado. La reacción se genera cuando se combinan los fármacos, haciendo que no los tolere o que no produzca los resultados deseados.

Para mayor precisión, es importante practicar exámenes de sangre que permitan ajustar el tratamiento, precisando la medicación o indicando algún componente adicional para mantener el equilibrio de estas sustancias en el organismo. Es posible que el especialista decida suspender un inmunosupresor de forma temporal, mientras se reestablecen los valores.

De todas formas, hay que tener en cuenta que los inmunosupresores bajan las defensas y elevan la posibilidad de que los pacientes desarrollen infecciones o tumores. La fiebre es un síntoma que no debe pasar desapercibido, pues hará la alerta necesaria para que la persona se someta a una nueva evaluación, sobre todo si persiste algún otro síntoma.

Aparte del cáncer, entre los efectos secundarios de los inmunosupresores predominan, luego de un uso prolongado, náuseas, vómito, temblores, pérdida del apetito y diarrea. Otras de las manifestaciones que requieren de la valoración de un médico son los resfriados, escalofríos, dolor para orinar, falta de aire, fatiga y dolor abdominal.