Relación del trastorno obsesivo compulsivo con la bipolaridad

La mayoría de los pacientes con problemas psicológicos y psiquiátricos se ven afectados con trastornos que actúan de manera conjunta, marcados por la ansiedad, la depresión, alteraciones en el ánimo y fobias, síntomas comunes del trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la bipolaridad.

En estos casos, la situación se complica un poco, considerando los resultados de las estadísticas, las cuales arrojaron que cerca del 12 por ciento de las personas con trastorno bipolar desarrollan a su vez el trastorno obsesivo compulsivo, todo asociado a las condiciones del entorno.

Los especialistas en el manejo del estrés refieren que aquellos que desarrollan ambas patologías, suelen hacerlo entre la infancia y la adolescencia, por ello es fundamental hacer un diagnóstico precoz, a fin de corregir conductas y modificar ciertas actitudes con terapias y con tratamiento. El trastorno obsesivo depresivo no debe subestimarse, ya que quienes lo padecen sufren más que una persona que tenga solamente trastorno bipolar. El cuadro clínico suele complicarse aún más cuando ambos coexisten.

Síntomas asociados

La comorbilidad cursa entre la ansiedad y la depresión, con un elemento adicional: el trastorno maniaco compulsivo. Los síntomas son similares a los del trastorno bipolar, sobre todo en la fase depresiva. Tanto la patología obsesiva compulsiva como el trastorno bipolar tienen un alto componente genético, pues casi siempre hay un antecedente familiar. De hecho, en la terapia cognitivo conductual suelen analizarse las causas genéticas para establecer diagnósticos diferenciales entre la depresión unipolar o bipolar.

El patrón familiar se determina tras una ardua investigación, que conlleva al enfoque de la terapia y al tipo de medicación, en función de alcanzar los resultados deseados. Un diagnóstico combinado requiere de antidepresivos con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, para controlar los síntomas con apoyo terapéutico.

El estado de ánimo se regula con estabilizadores, entre ellos el litio, el Topiramato y la Carbamacepina, los cuales atacan el problema desde el sistema límbico. A corto plazo, no es necesario el uso de antidepresivos. Para muchos especialistas tratar ambos trastornos en un solo paciente constituye un reto, pues los antidepresivos tienen contraindicaciones en el trastorno bipolar.

El riesgo es que el paciente se descompense al enfocarse exclusivamente en el trastorno obsesivo compulsivo, pues con las manías son frecuentes los pensamientos suicidas y los episodios psicóticos. Usualmente, los profesionales proceden primero considerando el trastorno bipolar como patología principal, aunado a síntomas del trastorno obsesivo compulsivo (diagnóstico secundario). De tal modo que el paciente recibe medicación exclusivamente para la primera afección.

La importancia de precisar los indicadores vinculados con el trastorno radica en que así se evita la medicación de antidepresivos que pudieran activar la bipolaridad, hecho que empeora la situación. A menudo, el paciente se descompensa con la intensidad de las compulsiones y de la obsesión, esto requiere de una estrategia conductual que ayude a regular el biorritmo.