¿A dónde acudo si creo que he podido infectarme con el VIH?

A pesar de la facilidad que tiene cualquier persona para acceder a información sobre las enfermedades de transmisión sexual (ETS) en Internet y redes sociales, en la actualidad la lucha contra el virus de inmunodeficiencia humana, conocido popularmente por sus siglas VIH, sigue librando una ardua batalla para minimizar su propagación concienciando a la población sexualmente activa para que tome medidas profilácticas efectivas.

No obstante la abundante información y las diversas campañas preventivas, hay un número significativo de personas expuestas a adquirir VIH debido a sus prácticas sexuales, en las cuales la promiscuidad, el no uso de condones, además de compartir agujas para drogarse, entre otros, son el denominador común. Para ese tipo de personas, la atención rápida y oportuna en un centro de salud es la manera adecuada si hay una sospecha válida de exposición al contagio con el VIH unas horas antes.

Por otra parte, los trabajadores de establecimientos médicos también están expuestos a una posible infección del VIH, al tratar un paciente afectado puede ocurrir un evento no deseado como un pinchazo de aguja, salpicaduras de sangre o contacto cutáneo.

Ante estas situaciones planteadas, las cuales rozan los linderos de la ética en general y la bioética, las políticas de salud pública han establecido directrices de atención, cobertura y estándares de actuación que permitan mantener el virus de inmunodeficiencia humana lejos de los niveles de criticidad y alerta epidémica.  

La humanidad no cuenta todavía con una vacuna para evitar este virus identificado como tal a partir del año 1981, no obstante hay avances significativos que nos permiten avizorar un futuro más promisorio para aquellas personas portadoras del VIH. Al respecto, los avances científicos farmacéuticos han logrado desarrollar una estrategia de profilaxis postexposición (post-exposure prophylaxis, PEP) al VIH, la cual está fundamentada en el uso de drogas antirretrovirales con el propósito de impedir que la infección se aloje en la persona expuesta. Este tipo de tratamiento preventivo se viene aplicando desde 1996 en hospitales de Estados Unidos y Europa, actualmente es un tratamiento aceptado mundialmente.

La comunidad médica ha advertido sobre este tipo de profilaxis, indicando que no es un tratamiento con ciento por ciento de efectividad, ni mucho menos constituye un método de prevención del VIH. Tampoco puede ser comparado con los anticonceptivos usados al cabo de un acto sexual, como la denominada “pastilla del día después”. La profilaxis antirretroviral postexposición es un protocolo de actuación ante la sospecha de contacto de una persona con alguien portador del VIH mediante prácticas sexuales, intercambio de jeringas, transfusión de sangre u otras razones que faciliten la transmisión del virus.

De igual forma, el protocolo también se aplica a aquellos trabajadores y profesionales de centro sanitarios, quienes por causas de la atención médica prestada a un portador del VIH se ven expuestos a un posible contagio. En ese sentido, las diferentes sociedades y asociaciones médicas de cada país han establecidos guías de actuación para atender pacientes contagiados y la manera de responder ante el contacto con alguna materia orgánica portadora del virus de inmunodeficiencia.

El PEP se divide en dos categorías:

Exposición Ocupacional: es el contacto con materia orgánica posiblemente contaminada que le ocurre a los trabajadores de un centro médico. Se puede identificar y analizar la fuente del virus, y además están determinados los pasos a seguir una vez ocurrida la exposición. La respuesta ante el evento no deseado es casi inmediata.

Exposición no Ocupacional: es la que le ocurre a cualquier persona fuera del ámbito laboral de un centro médico. La asistencia  y el tratamiento puede y suele ser más tardía. En ocasiones es difícil identificar el portador del VIH. Algunas veces no se cumple el protocolo con exactitud.

La profilaxis postexposición debe ser aplicada en un marco de tiempo inferior a las 72 horas una vez ocurrido el posible contagio, el tiempo mínimo ideal es de tres horas, y solamente bajo prescripción facultativa. Independientemente del tipo de exposición, la terapia con antirretrovirales es homogénea y consta de tres tipos de medicamentos los cuales deben ser administrados por una lapso de cuatro semanas (28 días exactos), no obstante, algunos países aplican una atención diferenciada cuando se trata de pacientes de edad avanzada, niños y adolescentes, mujeres embarazadas y personas con problemas en los riñones. La efectividad de de este tratamiento tiene una tasa de éxito cercano al 80%, según el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos (CDC por sus siglas en Inglés).

Es importante que la administración de los antirretrovirales se haga bajo la más estricta observación médica, pues estas drogas son de alto impacto para el organismo y tienen efectos secundarios no mortales como:  vómitos, diarreas, cefaleas, náuseas, mareos, fatiga y posibles daños hepáticos.
En la lucha de contra la infección y propagación de VIH la mejor y más efectiva arma es la prevención. El PEP no puede tomarse como un mecanismo anti VIH y aquellas personas en situación de riesgo de contraer el virus deben adoptar conductas apropiadas para evitar el contagio. La profilaxis antirretroviral postexposición únicamente debe considerarse en determinados ocasiones, en situaciones inesperadas en las cuales no quede otra opción que aplicar el protocolo